27 ago. 2017

2007-NEWUNIVERSAL – Warren Ellis y Salvador Larroca





Uno de los periodos más fructíferos y polémicos de la historia de Marvel fue aquel en el que su destino estuvo regido por Jim Shooter, editor en jefe desde 1978 hasta su abrupta salida de esa casa en 1987. A nivel creativo tuvo grandes aciertos, como el establecimiento de la línea Epic o la inauguración de la colección de Novelas Gráficas; pero también fracasos estrepitosos, como “Secret Wars” (que, financieramente, funcionó muy bien siendo como era un comic mediocre) o lo que se dio en llamar como Nuevo Universo.


Para celebrar el vigesimoquinto aniversario de Marvel Comics (y no la encarnación anterior de la compañía como Timely-Atlas, iniciada en 1939), se decidió actualizar la fórmula que había convertido en un éxito el trabajo de Stan Lee, Jack Kirby y demás: una línea de comics interrelacionados en los que se aportaba un mayor grado de realismo a los conceptos ya existentes en el mundo del comic-book de superhéroes. Este Nuevo Universo carecería de los elementos más puramente fantásticos a favor de la ciencia ficción o, al menos, ofrecería menos trajes de licra ajustados y una línea temporal coincidente con la real. Un “Evento Blanco” iluminó los cielos de todo el planeta durante un segundo y señaló el cambio del mundo real que todos los lectores conocían a uno en la que tenían cabida los exoesqueletos de tecnología futurista, los alienígenas y un puñado de individuos con cierto grado de capacidades sobrehumanas. 

El lanzamiento del Nuevo Universo vino acompañado por una fuerte campaña publicitaria pero lo cierto es que los ocho títulos de los que constaba no fueron bien acogidos por el público. Cuatro de ellos fueron cancelados al final del primer año, un quint
o fue pasado a bimensual y el resto renqueó sin que los esfuerzos realizados por el sucesor de Shooter al frente de la editorial, Tom DeFalco, sirvieran para mucho. Es cierto que las colecciones supervivientes tenían ventas que quizá hubieran justificado su continuación, pero en ese momento de auge de la editorial se pensó que los artistas y recursos empleados en ellas tendrían mejor aprovechamiento en otros lugares del universo tradicional. Por tanto, en 1989, la línea se cerró. Tras ser despedido en 1987, Shooter responsabilizó muy convenientemente del fracaso a su sucesor, el mencionado DeFalco, y a los ejecutivos que recortaron el presupuesto asignado a esas colecciones impidiendo la contratación de equipos creativos de empaque. Más tarde, utilizaría los mismos conceptos básicos para construir Valiant Comics. 


Con la excepción de pequeños cruces o fusiones con el Universo Marvel tradicional o 
adyacentes (Peter David en “Spiderman 2099” o Mark Gruenwald en “Quasar”), el Nuevo Universo permaneció vivo sólo en la memoria del puñado de nostálgicos que lo recordaban con benevolencia hasta que en 2006, el entonces editor en jefe de Marvel Joe Quesada y el editor Mark Paniccia prepararon una serie de eventos conmemorativos del vigésimo aniversario del Nuevo Universo, una extraña decisión dado el escaso interés que los lectores en general habían demostrado en su recorrido inicial. A finales de febrero y comienzos de marzo de aquel año, Marvel lanzó “Untold Tales of the New Universe”, una miniserie que en cinco semanas recuperó a los personajes y que enlazó con “Newuniversal”, destinado a ser, al menos inicialmente y a la espera del resultado, una miniserie de doce números guionizada por un escritor tan conocido como polémico: Warren Ellis. El apartado artístico se encargó al genial dibujante valenciano Salvador Larroca.


Las ventas parecieron responder y Marvel anunció que los dos primeros números se habían agotado, 
 con nuevas portadas. Pero tras el número 6, la colección se paralizó. Por algún motivo, Warren Ellis empezó a espaciar cada vez más la entrega de sus guiones hasta el punto de que pasaban los meses y Salvador Larroca tuvo que buscar otros trabajos para no quedarse totalmente parado. Finalmente, abandonó el proyecto.

En 2008, la historia halló su continuación en una miniserie, “Newuniversal: Shockfront”, escrita por Ellis e ilustrada por Steve Kurth y Andrew Hennessy, a la que se añadieron dos números unitarios en los que se exploraba el pasado de esa línea temporal: “Newuniversal: Conqueror” y “Newuniversal: 1959”. En 2009, Ellis dijo haber perdido sus archivos tras algún tipo de accidente informático y anunció que el proyecto había muerto, lo cual dice mucho del poco interés que tenía por él. Había durado incluso menos que el “viejo” Nuevo Universo

Es difícil saber lo que hubiera podido llegar a ser esta reinvención de uno de los peores fracasos de la historia de Marvel. La comparación más obvia con el trabajo de Ellis en el Nuevo Universo es lo que Ronald D.Moore hizo con la vetusta serie setentera “Battlestar Galactica”,
convirtiéndola para el siglo XXI en un emocionante thriller político con un marco de space opera. A pesar de su corto recorrido, Ellis consiguió reformular algunas de las mejores ideas del Nuevo Universo, acentuar el elemento de ciencia ficción, recuperar y modificar sus principales personajes y construir con ellos una lectura entretenida y más alocada que la versión original. 

Como el Nuevo Universo original, NewUniversal está ambientado en un mundo en el que cierto número de gente, de forma súbita tras un misterioso acontecimiento cósmico, manifiesta capacidades sobrehumanas. Sin embargo, mientras que se suponía que el Nuevo Universo era nuestro mundo, el punto de arranque de NewUniversal es claramente el de una línea temporal alternativa. Así, Estados Unidos se ha convertido en un país aislacionista, la Rusia soviética se derrumbó en una etapa temprana y China lidera la tecnología espacial y es el principal exportador de cultura popular. Hay otros cambios “menores” pero que sirven para enfatizar la diferencia con nuestro mundo: Paul McCartney murió y John Lennon vivió; los atentados del 11-S en 2001 nunca tuvieron lugar y Hillary Clinton es la
presidenta. Los primeros números dejan constancia de fechas y horas específicas para los acontecimientos que se narran, algo que difiere bastante del Universo Marvel tradicional.

Ellis, por otra parte, era hasta ese momento un completo ignorante acerca del Nuevo Universo y no tuvo reparos, tal y como es su costumbre, en dar la interpretación de aquellos personajes que a él más le conviniera, tomando lo que le gustaba y descartando lo que no. Para empezar, fusionó lo que habían sido originalmente cuatro colecciones independientes (“Starbrand”, “Nightmask”, “Justice” y “Spitfire and the Troubleshooters”) en una sola línea narrativa.

La trama de ámbito mundial recuerda quizá demasiado a la serie televisiva “Héroes”, pero Ellis sabe llevarlo a su terreno e insuflar su propio estilo, aunque tampoco es que lo haga de forma muy original. En el Nuevo Universo de los ochenta, Kenneth Connell, alias Star Brand, era un antihéroe sólidamente escrito por Shooter; aquí, se convierte en un tipo pasivo deudor de Akira. John Tenson, alias Justice, era otro antihéroe, este violento, que, como en muchas películas de acción de la época, actuaba de juez y verdugo. Peter David escribió la mayor parte de los números pero el concepto nunca
llegó a florecer del todo. Ellis, por su parte, convierte a Tenson en una especie de asesino en serie con superpoderes. Nightmask era una versión disfrazada del papel interpretado por Dennis Quaid en la película “La gran huida” (1984); Ellis lo transforma en una suerte de Freddy Krueger bueno y femenino, Izanimi Randall, que, en vez de ayudar en casos de enfermedad psiquiátrica interactúa con la trama principal sirviendo de teleportadora para el resto de personajes. Su versión de Spitfire, una agencia gubernamental destinada a controlar la aparición de superseres, es muy interesante, pero apenas llega a desarrollarla.

Como suele ser habitual en Ellis, el salto entre las escenas protagonizadas por los diferentes héroes está rellenado con excavaciones arqueológicas que descubren antiguas conspiraciones, agencias gubernamentales moralmente ambiguas y, en general, un tono pesimista. Casi todos los personajes están cortados con ese molde cínico tan utilizado por el guionista en todos sus comics.

Pero el principal problema de Newuniverse es que apenas da tiempo más que para situar a los personajes en un nuevo contexto y darle un empujón inicial a sus respectivas tramas. Y es que, por desgracia y dado que todo el argumento quedó incompleto apenas llegado a su mitad, hay líneas que, independientemente de lo interesante que pueda resultar su planteamiento, no llegan a ninguna parte, como la de la mencionada Spitfire, John Tensen o los arqueólogos en Letonia.

Una de las cosas que más llaman la atención de este comic a nivel gráfico es el uso que Larroca hace de rostros de actores conocidos para encarnar a ciertos personajes. Según declaró, el veía esta historia como una superproducción y decidió realizar su propio “casting”. Así, vemos a George Holloway, Bruce Willis, Angelina Jolie, James Gandolfini, Gene Hackman, Johnny Depp, Leonard Nimoy, James Cromwell, Nicole Kidman e incluso la reina Leticia en su época de presentadora televisiva. Esa decisión creativa, aunque ocasionalmente divertida, puede tener –y de hecho los tuvo- efectos secundarios no deseados. Por ejemplo, que resulte demasiado fácil salirse de la historia y distraerse con el juego de identificación de tal o cual rostro; o cometer errores en la
elección de actores, como dotar a un supuestamente adolescente Star Brand con los rasgos del ya adulto George Holloway; o la forzada marcha atrás que hubo de realizar el artista cuando Marvel ordenó a sus creativos evitar las referencias visuales cinematográficas ante el peligro de demandas por uso de derechos de imagen y copyright. En esa tesitura, Larroca hubo de redibujar páginas de tres números para intentar disimular los rasgos de los actores, lo que provoca una discrepancia en sus aspectos de un número al siguiente.

Pero dicho esto, el trabajo de Larroca en los seis números de la miniserie es sobresaliente en todos los aspectos: narración, encuadres, diseño de tecnologías futuristas, dibujo de figuras… Basta echar un vistazo a sus páginas en blanco y negro, antes de que Jason Keith aplicara el color, para darse cuenta del inmenso trabajo que volcó en cada una de ellas.

“Newuniversal” es una obra frustrada, el proyecto de algo que pudo ser mayor (quizá al estilo de “Stormwatch” y “Authority”) pero que nunca tuvo oportunidad de crecer. Seamos honestos, las historias del Nuevo Universo eran, en el mejor de los casos, mediocres y el tiempo las ha tratado terriblemente mal. Ellis seguramente no tuvo que esforzarse mucho para actualizar y mejorar sus conceptos más interesantes, darle al conjunto un adecuado marco de ciencia ficción y hacer de ello una lectura entretenida. Es un comic escrito con oficio –muy en el estilo de Ellis, eso sí, lo que quiere decir que si no comulgas con él es mejor mantenerse apartado-, muy bien dibujado, no demasiado complejo… el equivalente, en fin, de un blockbuster cinematográfico. Lo cual, por otra parte, no tiene nada de malo.

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