6 feb. 2017

DAREDEVIL EN LOS AÑOS SESENTA– Stan Lee y varios (1)


En 1964, la Segunda Edad Heroica de Marvel ya estaba en su periodo de consolidación. Tanto Marvel como DC habían lanzado nuevos personajes y colecciones que marcarían la dirección de ambas compañías durante los siguientes veinte años. “¡Las ideas surgían tan fácilmente!”, afirma Stan Lee de aquel periodo.

Habiendo recuperado para su catálogo a la Antorcha Humana y a Sub-Mariner, Marvel echó mano del Capitán América, el último de sus grandes superhéroes de los cuarenta. En “Los Vengadores” nº 4 (marzo 1964), el patriótico personaje fue hallado congelado en el hielo, vivo pero en un estado de animación suspendida desde la guerra. Los Vengadores lo despiertan y le añaden a sus filas. El último gran superhéroe Marvel de comienzos de los sesenta llego tan solo un mes después: “Daredevil” (abril 1964), el Hombre Sin Miedo y, de paso, también sin vista. El primer superhéroe ciego dependía en sus enfrentamientos contra los villanos de turno de su sentido radar altamente desarrollado, sentidos de una agudeza sobrehumana y agilidad acrobática.


Uno de los rasgos de estos años de consolidación del Universo Marvel fue la toma de conciencia de Stan Lee de que los conceptos que había comenzado a utilizar de forma más o menos inconsciente en los años precedentes, también podían usarse deliberadamente para crear nuevos personajes y argumentos. El creciente número de crossovers e historias que abarcaban más de un número demostró la aplicación de esos conceptos al guión, mientras que la creación de Daredevil reveló cómo podían utilizarse para definir personajes completamente nuevos. El lanzamiento de los X-Men a finales de 1963 se realizó aplicando el concepto de “héroe con problemas” a todo un equipo; y la aparición de “Daredevil”, casi seis meses más tarde, siguió la misma pauta solo que en el ámbito de un personaje individual.

Lee ya había creado anteriormente un par de personajes cuyos maravillosos poderes y capacidades quedaban hasta cierto punto neutralizados, o al menos rebajados, por minusvalías físicas. El alter ego de Thor, por ejemplo, era un médico cojo, Donald Blake; y Tony Stark, alias Iron Man, sufría de una dolencia cardiaca que en cualquier momento podía acabar con su vida. Buscando otro superhéroe con su particular tara física, Lee dio con lo que uno podría pensar era la barrera definitiva para un aspirante a luchador contra el crimen: “Lo haré ciego. Un abogado ciego”.

Tomando como base el concepto de que los ciegos compensan su discapacidad agudizando sus otros sentidos, Lee inventó para aquel primer número de Daredevil un accidente relacionado con material radioactivo (recurso omnipresente en aquella época) que dejó ciego al todavía niño Matt Murdock, pero que también aumentó de forma sobrehumana sus otros sentidos (podía escuchar los corazones de la gente o leer periódicos con sus dedos hipersensibles). Le otorgó asimismo un sexto sentido, una suerte de radar ecolocalizador que sustituía a su vista y que le permitía moverse con normalidad. Eso sí, su fuerza, velocidad, agilidad y capacidad de lucha no eran superiores a las que podría alcanzar un hombre normal sometiéndose a un duro
entrenamiento (no fue, sin embargo, el primer héroe ciego. Un personaje de la literatura pulp creado en 1939, The Black Bat, era un fiscal cegado con ácido por un criminal. Éste, a su vez, sirvió de inspiración para el Dr.Mid-Nite, publicado en 1941 por DC Comics)

Pero en el caso de Daredevil el enfoque de Lee fue el opuesto al utilizado en otros héroes: en lugar de suscitar la simpatía del lector hacia el problema del superhéroe (en este caso, la ceguera), la descarada exuberancia y alegría del protagonista al recibir los poderes y convertirse en un superhéroe tuvo el efecto de hacer que los lectores se alegraran por él. Ni siquiera el asesinato de su padre –detonante de su carrera justiciera- pareció afectarle demasiado. Tampoco aceptó las
insistentes súplicas de su secretaria y enamorada, Karen Page, para someterse a una operación que restauraría su vista por miedo a que la desaparición de su ceguera conllevara también la de sus nuevos supersentidos. El problema de esa propuesta fue que neutralizaba -o al menos mermaba su efectividad- el elemento dramático que tanto gustaba a Lee introducir en sus series. Así, resultaba imposible de creer que Murdock evitara iniciar una relación con Karen por miedo a “cargarle con un ciego”. A diferencia de Spiderman, que era un adolescente inseguro y poco experimentado, DD era un adulto que debería haber dejado atrás sus dudas de juventud. Era difícil que los lectores, tras ver al héroe correr por los cables eléctricos o desafiar a la muerte a cien pisos de altura, creyeran que este “Hombre sin Miedo” tuviera tantos reparos a la hora de expresar sus sentimientos.

De todas formas y aunque el concepto del personaje era suyo, Stan Lee no se sintió inicialmente demasiado vinculado con él. Ello obedecía a que su creación había sido una orden directa de su
jefe, Martin Goodman. El nombre de “Daredevil” había sido utilizado anteriormente para un personaje, creado por Jack Binder y modificado por Jack Cole y Charles Biro, y publicado por Lev Gleason Publications. Durante algunos años, ese Daredevil disfrutó de un gran éxito, pero como sucedió con tantos héroes justicieros de los cuarenta, tras la Segunda Guerra Mundial perdió el favor del público, dejó de editarse en 1956 y cayó en el olvido. Algún tiempo después, Pete Morisi, creador de “Johnny Dynamite” y gran fan de aquel viejo Daredevil, trató de resucitarlo pero el dibujante Charles Biro insistió en cobrar royalties y Morisi abandonó el proyecto creando en su lugar a “Peter Cannon, Thunderbolt”, publicado por Charlton Comics. Parece ser que fue Martin Goodman quien, viendo el buen resultado de la nueva línea de superhéroes de su editorial Marvel y sabiendo que los derechos sobre el nombre “Daredevil” ya estaban libres, le dio instrucciones a Stan Lee para crear un nuevo personaje con ese apelativo tan sugerente. Sin duda fueron estas instrucciones recibidas del jefe las que confundieron a Lee y provocaron no poco desconcierto en la dirección de la colección en sus primeros números ya que –a pesar de sus posteriores declaraciones- no consideraba a “Daredevil” como una de sus creaciones más personales.

En primer lugar, la deuda de Daredevil con Spiderman es tan evidente que uno se cuestiona la inteligencia de situar al lanzarredes en la portada. Nos encontramos con un héroe del que se burlaban sus compañeros en la niñez y cuyo padre es asesinado por criminales; hay un accidente relacionado con la radiación que actúa de catalizador de los poderes del protagonista; incluso vemos al héroe confeccionando su propio uniforme a partir de lo que tiene a mano y un interés romántico dentro de su ámbito laboral.

Pero también hay diferencias, la más importante de las cuales quizá sea que Matt Murdock es un hombre de éxito en muchos de los aspectos de su vida. De joven se entrenaba duramente en secreto para estar tan en forma como su admirado padre boxeador. Y aunque resulta cegado por el accidente, su ética del trabajo es tan sólida que no sólo saca adelante sus estudios sino que se convierte en el mejor alumno de la facultad de Derecho. Da la impresión de que Matt Murdock se habría convertido en un héroe aun si su padre no hubiera sido asesinado. A diferencia de ese Murdock atormentado y al borde de la
locura que construiría años más tarde Frank Miller, éste es un hombre rebosante de autoconfianza.

Aquel primer número, aunque no se supo ver en el momento, también situó a Daredevil en el escenario en el que mejor se desenvolvía: los bajos fondos. Su enemigo aquí es la mafia local, los delincuentes comunes. Compárese con el siguiente episodio, lleno de elementos inverosímiles, supervillanos, viajes al espacio y cameos de los Cuatro Fantásticos. Los criminales ordinarios sin equipamiento tecnológico de última generación, funcionaban mejor como adversarios de Daredevil, algo que supo ver bien Frank Miller cuando, años después, hizo de Kingping su némesis definitiva.

Hubo otros aciertos ya en este episodio inicial. En primer lugar, convertir a Daredevil en un abogado planteaba un inaudito dilema ético y legal: un letrado que había jurado defender la ley se convertía secretamente en un luchador por la justifica que actuaba al margen de aquélla. Además, relacionar a Matt Murdock con el mundo criminal a través de su profesión, facilitaba el ponerlo en contacto con villanos y situaciones delictivas.

En segundo lugar, se presentan los dos secundarios que acompañarán al protagonista en la primera etapa y que estarían destinados, en el futuro, a jugar papeles clave en la serie. Foggy Nelson había sido compañero de cuarto y curso de Matt en la universidad y, tras finalizar los estudios, socio en un pequeño bufete. Bufete para el cual contratan a la bella secretaria Karen Page, de la cual ambos se enamoran ya en este primer número. Ese elemento romántico
aporta la necesaria tensión emocional, el elemento humano que caracterizaba a los personajes Marvel. Matt oculta sus sentimientos porque piensa que Karen no querrá salir con un ciego; mientras que ella hace lo propio al creer que un abogado de tanto talento no puede fijarse en una simple secretaria. En cuestión de unos pocos números, el silencio de ambos arrojará a Karen en brazos de Foggy, para tormento de Matt.

De acuerdo con declaraciones de Steve Ditko, fue a él a quien inicialmente se le ofreció la posibilidad de dibujar “Daredevil”, pero la rechazó. Quizá fuera el exceso de trabajo que ya realizaba para Marvel y Charlton, quizá se dio cuenta de que podrían surgir problemas legales relacionados con la reutilización del nombre y el disfraz (posibilidad que se hizo realidad años más tarde cuando Marvel resucitó como motorista a un antiguo héroe del western, “Ghost Rider”, en 1967).

Lo que sí parece acreditado es que Lee pidió a Jack Kirby que diseñara un nuevo uniforme. A esas alturas, Kirby estaba más que desbordado por la cantidad de trabajo que le caía sobre el tablero de dibujo. Además de encargarse de varias series mensuales, solía diseñar los nuevos personajes y dibujar al menos el primer episodio de las nuevas colecciones. Aun así y como impecable profesional que era, cumplió la orden y presentó el traje de lo que sería el nuevo Daredevil, inspirado en el de un acróbata circense y parecido al de un personaje que dibujó para Harvey en 1946, Stuntman.

Dado que los dos pilares artísticos de Marvel, Kirby y Ditko, no estaban disponibles para la nueva serie, Stan Lee tomó una decisión un tanto peculiar: llamar a uno de los antiguos dibujantes que habían contribuido al éxito de la editorial dos décadas atrás: Bill Everett. Contemporáneo de Jack Kirby y conocido por ser el creador de uno de los personajes más populares del comic de los cuarenta, Sub-Mariner, en 1939, Everett se pasó la mayor parte de su carrera en los comics trabajando para Martin Goodman, primero cuando su compañía lució el sello Timely, más tarde Atlas y, por fin, Marvel. Tras servir en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial, Everett regresó a los comics, participando en el
primer intento de Stan Lee de revivir al Capitán América y la Antorcha Humana en los cincuenta así como en incontables historietas de terror.

Pero entonces Marvel a punto estuvo de desaparecer a consecuencia de una nefasta decisión empresarial de Goodman. Siguiendo el consejo de su responsable de contabilidad, cerró su propia empresa de distribución y confió esas labores a un tercero que acabó quebrando y siendo investigado por el FBI. De repente sus comics se quedaron sin medio de distribución por el país y hubo de arrodillarse ante la distribuidora propiedad de DC que, obviamente, le cortó las alas para evitar cualquier asomo de competencia. Stan Lee se vio obligado a despedir prácticamente a toda la plantilla de dibujantes, entre ellos Everett, que encontró trabajo en el mundo de la ilustración comercial. Llevaba años desempeñando esas labores en una empresa de Massachusetts cuando Lee consiguió convencerle para que se ocupara de ese primer episodio de “Daredevil”. Quizá Everett se sintiera también inspirado por el hecho de que su hija Wendy fuera ciega…

Ausente del mundo del comic durante bastante tiempo, contando a la sazón 46 años y con un dibujo pasado de moda que no parecía encajar con la nueva Marvel principalmente orientada a la acción, Everett encajó sorprendentemente bien en “Daredevil”, dándole a la serie un aspecto urbano y oscuramente cotidiano, adecuado para un héroe que, a pesar de su chillón uniforme amarillo y rojo, se dedicaba a perseguir a matones de baja estofa y miembros del crimen organizado.

Pero los problemas aparecieron desde el primer momento al demostrarse la incapacidad de Everett para hacer frente a las fechas de entrega. Su trabajo en el departamento de publicidad de la empresa para la que trabajaba le ocupaba catorce horas diarias, al término de las cuales tenía que regresar a casa y dibujar el comic por la noche –y ello sin contar con su problema de alcoholismo-. Era sencillamente imposible que pudiera entregar a tiempo. El número uno sufrió un retraso de varios meses y seguía sin haber fecha clara de terminación. El resultado fue que aquel primer episodio, en su vertiente gráfica, terminó siendo en realidad una labor de equipo. Otros artistas (sobre todo Steve Ditko y Sol Brodsky) tuvieron que entintar los lápices de Everett y finalizar los fondos. Un atento estudio del comic revela varias
secuencias de acción que fueron obviamente dibujadas o redibujadas por Ditko (su estilo es inimitable).

Los problemas eran evidentes ya desde la misma portada, montada por el departamento de producción. En ella se mostraba una figura de Daredevil dibujada por Jack Kirby, una viñeta con Spiderman, otra con los 4 Fantásticos y otra presentando a los tres personajes principales. Eran demasiados elementos y parecía más el anuncio publicitario de un nuevo producto que una verdadera portada.

En aquellos años, la editorial reservaba con mucha antelación el trabajo en la imprenta; si llegado el momento no estaba el material preparado, había que pagar igualmente por el tiempo ya comprometido. Esa era la razón por la que resultaba vital que el editor pudiera confiar en que los creativos cumplieran sus fechas de entrega. Así, aunque las páginas que entregó Everett eran muy interesantes, sus problemas para finalizar en los plazos marcados impidieron su continuidad regular en el medio. Pasaría un año antes de que Everett trabajara otra vez para Marvel.

De todas formas, algo bueno salió del caos editorial provocado por Everett. Dado que éste no iba a entregar a tiempo para la imprenta, a Marvel se le presentaba un “hueco” en su reserva en la
misma. Stan aprovechó la circunstancia para dar forma rápidamente a una idea que llevaba en mente: imitar a la Liga de la Justicia de la editorial DC, reuniendo a los héroes más populares de Marvel en un solo título. Era una colección relativamente fácil y rápida de montar, ya que no era necesario presentar a los personajes puesto que todos ellos –villano incluido- habían aparecido ya previamente en diferentes colecciones. Con la celeridad que les caracterizaba, Stan Lee, Jack Kirby y Dick Ayers crearon “Los Vengadores”, cuyo primer número salió a la venta con fecha de portada de septiembre de 1963 (el mismo mes, por cierto, que se lanzó “X-Men” nº 1). Así que, de haber entregado Bill Everett sus páginas a tiempo, ¿quién sabe? Puede que los Vengadores nunca hubieran existido…


(Continúa en la siguiente entrada)

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