15 nov. 2016

1988- AB IRATO: LA NATURALEZA DE LA BESTIA – Abulí y Bernet


Durante la década de los ochenta del pasado siglo, el dúo formado por Enrique Sánchez Abulí y Jordi Bernet dominó el panorama de la historieta adulta española. La capacidad de síntesis, el ambiente malsano y los afilados diálogos del primero, y el dibujo en blanco y negro de inspiración expresionista del segundo se combinaron para dar forma a algunas de las historias más sórdidas que leerse puedan. Ya comenté en otros artículos obras como “Torpedo 1936” o “Historias Negras”. La que ahora me ocupa está en la línea de las anteriores, si bien en este caso los creadores se permiten desarrollar esta historia de deseo y lujuria, odio, codicia, celos, sexo malsano, crimen y corrupción ambientada en el sur de Estados Unidos, en la extensión propia de un álbum.



Abigail Covan es una mujer tan bella como detestable. Casada con un viejo terrateniente local que se encuentra impedido en una silla de ruedas, se entrega a depravados juegos sexuales con el criado negro de la mansión tanto para excitar a su esposo como a sí misma. Un día, conoce a Tom Sampas, un exboxeador que se gana la vida como leñador en el bosque y que vive en una cochambrosa cabaña en compañía de su hermano retrasado mental. Tom cae pronto seducido por los encantos de Abby, que no tarda en arrastrarlo a sus criminales maquinaciones para eliminar a su marido…

“Ab Irato” fue originalmente serializada en la revista “Totem” en 1988 y publicada en álbum años más tarde por Glenat con el título de “La Naturaleza de la Bestia”. Encontramos aquí todos los elementos característicos de las historias del dúo autoral. Ciertamente, no se trata de una historia particularmente original (recuerda demasiado a “El Cartero Siempre Llama Dos Veces”) y todos los elementos que maneja son en buena medida estereotipos propios del género que se combinan de forma predecible: la mujer fatal, el protagonista honesto pero algo corto de luces que cae rendido a sus pies, el rico degenerado, los policías corruptos y brutales, la servil y temerosa criada negra… Pero Abulí sabe narrarla con vigor, buen ritmo, generosas dosis de humor negro y sexo y diálogos cargados de veneno.

Abulí es un artesano del comic, alguien que, sin llegar a la genialidad, sí conoce a la perfección el oficio de entretener narrando historias. Domina el medio y sus resortes, tiene un sentido del humor ácido muy en sintonía con el lado más oscuro de nuestro espíritu hispánico y, sobre todo y en consecuencia, no pretende ser amable. Y es que sus historias no son disfrutables por todo el mundo: carecen de finales felices, rebosan pesimismo y los personajes que intervienen en ellas son fracasados, desgraciados lastrados por sus debilidades y víctimas del destino o, directamente y de una u otra forma, delincuentes o criminales. En sus sórdidos universos no hay lugar para héroes galantes ni damas virginales; las autoridades son corruptas; los ricos, ruines y codiciosos; los pobres, mezquinos y embrutecidos; el sexo, la violencia y la ambición son los motores de la vida… Las suyas no son, desde luego, historias para estómagos débiles ni mentalidades mojigatas. Podría decirse que Abulí es un autor de literatura popular en la mejor tradición pulp: directo, carnal, dinámico, divertido… pero, al mismo tiempo y a diferencia de lo que solía ofrecer aquélla, reacio al heroísmo, la virtud y los finales dichosos. Lo suyo es mirar al lado más oscuro de nuestra naturaleza, asumirlo y reírse de ello. Y es precisamente ese humor sardónico, materializado a través de situaciones absurdas, juegos de palabras o diálogos saturados de mala leche, lo que hace que al lector no se le caiga el tebeo de las manos abrumado por la crueldad y la violencia que gotea de sus páginas.

Que Bernet es un dibujante sobresaliente no hace falta demostrarlo, basta con echar un vistazo a sus impactantes páginas. Sus viñetas tienen un grafismo suelto, aparentemente descuidado pero que, examinado con atención, demuestra que no ha dejado nada al azar: el encuadre, la composición, el ritmo narrativo, las sombras… Puede saltar de una escena cómica a una trágica sin la menor dificultad gracias a su dominio de la expresividad facial y corporal y la iluminación, el equilibrio entre el trazo fino y la mancha, y la sabiduría a la hora de incluir los detalles necesarios tanto para ambientar como para narrar y, al mismo tiempo, conseguir que sus viñetas no parezcan sobrecargadas. Por cierto, a pesar de que la obra apareció originalmente publicada en color y luego en bitono, conviene hacerse con alguna de las últimas ediciones en blanco y negro ya que será en ellas en las que podrá apreciarse plenamente la técnica de claroscuro del dibujante.

Si algún reproche puedo hacerle a Bernet es su tendencia a dibujar siempre la misma mujer en todas sus historias. Salvo pequeñas diferencias como el color del pelo, sus féminas son invariablemente exuberantes, de pechos generosos y curvas pronunciadas, criaturas diseñadas para despertar la libido tanto en los personajes que comparten viñeta con ellas como en los lectores que las devoran con los ojos. Soy consciente de que ese erotismo demasiadas veces gratuito es algo que muchos fans valoran en Bernet, pero no es mi caso. No tengo nada en contra de introducir sexo en la historias que así lo requieran, pero también opino que es más difícil y meritorio sugerir que mostrar y que, por ejemplo y en este caso, ocupar cuatro páginas para narrar un striptease y un enfermizo performance sexual que mezcla voyeurismo, exhibicionismo y violación simulada, me resulta excesivo. En cualquier caso, esta inclinación a pasarse de la raya con los desnudos y el sexo –y que, repito, para muchos no es ningún demérito- no lastra fatalmente lo sustancial de la historia.

“Ab Irato” es quizá una obra menor dentro de la carrera de Abulí y Bernet, pero sin duda cuenta con calidad más que suficiente como para merecer una lectura…siempre, eso sí, que se tenga el paladar apto para disfrutar del tipo de microuniversos tragicómicos, violentos, atemporales y muy muy personales que proponen sus autores.


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